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domingo, 10 de febrero de 2019

Alerta por la falta de protección de ríos, manantiales y humedales en el mundo

 Un estudio avisa de que la protección está distribuida de forma muy desigual y sigue estando muy por debajo del objetivo en el 53% de los países. A nivel global, la protección alcanza el 15% de los ríos, lagos o humedales, muy cerca del objetivo propuesto del 17%. En España, casi la mitad de las aguas continentales están en áreas protegidas, pero se incumplen las protecciones: "España es campeón de incumplimientos", afirma el catedrático Sergi Sabater. La Guardia Civil ha detectado más de 500 pozos ilegales que esquilman el agua de la que vive Doñana
Vista del Parque de Doñana, amenazado por las extracción ilegal de agua EFE

"A nivel mundial, el 15% de las aguas superficiales continentales están cubiertas por áreas protegidas". Esta es la principal conclusión de un estudio sobre ríos, manantiales, lagos o humedales de todo el planeta, elaborado por el Joint Research Center (JRC). El dato se aproxima al objetivo del 17% fijado para 2020 en el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB). Sin embargo, los autores del estudio alertan de que "los niveles de protección son muy desiguales entre los países" y que más de la mitad están muy lejos de cumplir el objetivo.  

Según la meta 11 del CDB, "para 2020, al menos el 17% de las zonas terrestres y de las aguas interiores, especialmente las que revisten particular importancia para la diversidad biológica y los servicios de los ecosistemas, se habrán conservado por medio de sistemas de áreas protegidas". Sin embargo, la protección de las aguas superficiales está muy por debajo de ese objetivo en el 53% de los países, según señala el estudio, que ha sido publicado en la revista PLoS One.
La cobertura más baja se encontró en varios países de África y Asia, en las que no se llega al 5% de superficie protegida, mientras que los que tienen más aguas protegidas se encuentran fundamentalmente en Europa, además de otros como Sudáfrica o Australia, con porcentajes superiores al 30%. Los resultados del estudio para España indican que prácticamente la mitad de las aguas interiores del país, un 49%, están protegidas, un dato inferior a Francia (57%) o Alemania (71%), pero muy superior a Suecia (22%) o Noruega (11%).
Pérdida de superficie de agua a nivel mundial

A nivel internacional, la mayor parte de los esfuerzos y las evaluaciones globales sobre la cobertura de las áreas protegidas se han centrado principalmente en los hábitats terrestres, como los bosques. Sin embargo,estudios recientes han mostrado que, en promedio, los humedales disminuyeron alrededor de un 31% entre 1970 y 2008, lo que ha llamado la atención de los investigadores sobre estas áreas.
Entre los mecanismos de presión a los que el ser humano somete a estas fuentes de agua, el estudio destaca el consumo insostenible, el drenaje de los humedales, la intensificación del uso de la tierra, la desviación de los cursos de agua y el cambio climático, especialmente en las zonas secas.
El nuevo estudio ha realizado un análisis de 359 millones de hectáreas de masas de agua permanentes y estacionales. Además de calcular la cantidad de agua que está protegida formalmente, también se ha realizado una estimación de los cambios netos en la extensión de la superficie de agua dentro de las áreas protegidas, en el periodo comprendido entre 1984 y 2015. Según sus resultados, "en el 38% de los países, las áreas protegidas perdieron más del 5% del agua permanente".
Porcentaje de aguas continentales situadas en áreas protegidas JRC
El estudio señala a España como uno de los países que ha tenido un balance neto positivo en la superficie total de agua continental en los últimos treinta años. Sin embargo, el catedrático de la Universidad de Girona y subdirector del Instituto Catalán de Investigación del Agua ha asegurado a eldiario.es que "este dato puede ser engañoso, dado que el hecho de que la superficie de agua haya crecido no significa nada, salvo que puede haber más embalses".
Según este investigador, los recursos hídricos han ido bajando en prácticamente todo el territorio, salvo en el norte del país. "Los hidrogramas están bajando continuamente, debido al cambio de los usos del suelo o la ampliación de la irrigación y, en menor medida, por el cambio climático", afirma.

Las cifras engañosas de España

No es la única cifra que puede resultar engañosa para el caso de España. A pesar de que, según los resultados del estudio, el país se sitúa entre los que tienen mayor porcentaje de áreas protegidas, por encima de la media de la UE, la situación de estas áreas está lejos de ser ideal. "Es cierto que tenemos muchas más zonas protegidas que otros países de Europa, pero porque han sido más cautelosos", explica Sabater.
"Cuando España se sumó a la red Natura 2000 lo hizo de forma muy alegre y apuntaron muchas áreas, pero este tipo de categorización conlleva costes y una protección legislativa que aquí se está regalando con mínimos", asegura este investigador. " España es campeón de incumplimientos, ya que tenemos muchas zonas que están protegidas en las que no se pueden realizar determinadas acciones que se siguen haciendo", asevera.
Uno de los casos más emblemáticos de sobreexplotación de un área protegida es el Parque Nacional de Doñana, cuyos recursos hídricos han sido expoliados durante años, lo que ha llevado a la Comisión Europea a llevar a España ante el Tribunal Europeo. "En España hay un uso excesivo de los recursos hídricos y el caso de Doñana, que es la joya de la corona, es paradigmático", explica Sabater.
Pozo ilegal en Doñana EFE
Juan José Negro, exdirector de la Estación Biológica de Doñana, relataba en este mismo diario la degradación que ha sufrido el parque durante años. "Un repaso a la hemeroteca de los años 80 del siglo pasado indica ya preocupación por los recursos hídricos en la zona", asegura este especialista, que además recordaba como varios comités de expertos han recomendado en diversas ocasiones "poner coto a las extracciones insostenibles, muchas de ellas, y no es un secreto, completamente ilegales".
Sobre esta cuestión, Sabater recuerda que "España está agujereada, ya que se estima que hay un millón de pozos ilegales que no están controlados". Para este investigador es necesario que "nos responsabilicemos de las áreas que decidimos proteger en su momento y hacer una revisión más profunda del uso del agua si queremos que nuestros ríos, lagos o zonas húmedas no se sigan degradando".

jueves, 6 de diciembre de 2018

Las emisiones mundiales de CO2 crecen de nuevo y alcanzarán su máximo histórico este año

 El incremento se achaca al repunte del carbón y el crecimiento del gas y el petróleo para producir energía, según la investigación publicada este miércoles en Nature. De los grandes emisores, China y EEUU aumentan el CO2 que lanzan. La UE ha ralentizado su ritmo de recorte de emisiones"La demanda de energía ha sobrepasado el ritmo de descarbonización", analiza la jefa de la investigación, Corinne Le Quéré.

Planta emitiendo gases. EFE

Según se aleja la euforia que presidió el Acuerdo de París de 2015, se diluye el esfuerzo que los países están realizando para frenar el cambio climático. Las emisiones de gases de efecto invernadero volverán a subir en 2018 y alcanzarán su máximo histórico, según el análisis de los investigadores de la Universidad de East Anglia que se publica este miércoles simultáneamente en Nature, Earth System Science Data y Environmental Research Letters.
Tras tres años casi bajo control, las emisiones de COvolverán a crecer este curso por segunda vez consecutiva. Y no poco. La proyección estima que el incremento se vaya a un 2,7%. Las actividades humanas generan 41.500 millones de toneladas de las que 37.100 procederán de la quema de combustibles fósiles. No se trata de una subida cualquiera. Significa el pico histórico de gases emitidos.
El estudio, presentado por Carbon Budget Project, es un aldabonazo que llega en plena Cumbre del Clima de Polonia (COP24). Cuando se está discutiendo cómo aplicar concretamente el Acuerdo de París y cuánta ambición extra hay que poner encima de la mesa para contener la subida de la temperatura global, las mediciones muestran que, en realidad, se está aflojando. El tercer pilar de esta conferencia, la transición justa, cobra más relieve al tener que activar mecanismos para que los sectores señalados (la minería, las petroleras, las eléctricas…) no esgriman las pérdidas sociales y de empleo que conlleva el abandono de estas fuentes energéticas fósiles.  
Proyección de emisiones por los combustibles fósiles.
La investigadora jefa del proyecto, Corinne Le Quéré, ha sido taxativa al señalar que no basta con instalar renovables, hay que abandonar la dependencia del carbón, el petróleo y el gas: "La energía a base de combustibles fósiles tiene que abandonarse". La directora del Centro Tyndall para la Investigación del Cambio Climático ha insistido en la necesidad de apoyo económico para que el cambio "sea justo para todas las generaciones". Según la científica, "la demanda de energía ha sobrepasado el ritmo de descarbonización".    
Los investigadores han comprobado cómo el carbón, el petróleo y el gas están detrás de este "fuerte crecimiento" de los gases que provocan el calentamiento planetario. Ninguno de los combustibles fósiles se salva: se ha dado "un sólido crecimiento con el carbón" respecto a años anteriores que vieron una contención. "El petróleo avanza en la mayoría de las regiones", explican, con más emisiones provenientes de los coches, los camiones y los vuelos comerciales también en EEUU y Europa. "2017 pudo verse como una excepción, pero la subida de 2018 es aún mayor", explica el director del Centro de Investigación Internacional del Clima de Oslo, Glen Peters (que participa en el estudio). "Es cristalino que el mundo está fallando a su deber de mantener un rumbo que cumpla con el Acuerdo de París. No se está haciendo lo suficiente para apoyar políticas que limiten la cantidad de dióxido de carbono que se lanza a la atmósfera", ha sentenciado tras publicarse la investigación.
Los cálculos de los investigadores muestran que la concentración de CO2 en la atmósfera se irá, de media anual, a las 407 partes por millón. Lejos queda el umbral histórico de las 400 ppm que se sobrepasó por primera vez de forma global y continuada en un año, tan solo en 2015. Al inicio de la era industrial humana (1790) esa concentración estaba en 278 ppm.
Emisiones de CO2 por continente.
Ninguno de los grandes responsables mundiales muestra un buen comportamiento. China, que supone el 27% de las emisiones globales, va a subir un promedio del 4,7% la cantidad de CO2 que lanzará al aire. Los investigadores ligan el repunto al crecimiento económico chino. "Había esperanzas de que China se alejaría rápidamente del carbón [tras los datos ofrecidos desde el Acuerdo de París], pero los dos últimos años han demostrado que no será tan sencillo. El carbón va a dominar el sistema de energía chino en las próximas décadas", es el pesimista vaticinio de uno de los investigadores, Jan Ivar Korsbakken.
EEUU tampoco está mucho mejor y relanza sus emisiones tras varios años de descenso "por las condiciones climáticas que exigieron más calefacción y refrigeración". Es decir, hubo picos extremos de temperatura fría y cálida, uno de los efectos comprobados del cambio climático. EEUU supone el 15% de las emisiones y este 2018 aumentará en un 2,5%. La Unión Europea está titubeante ya que su recorte se quedará en el 0,2% cuando venía empalmando rebajas de 2%. El documento indica que India no ha podido separar su intenso crecimiento macroeconómico del uso de fuentes de energía fósiles.
La que fuera directora de la Oficina de las Naciones Unidas para el Cambio Climático durante las negociaciones de París en 2015, Christiana Figueres, ha publicado una declaración que acompaña la investigación científica y ha sido firmada por 100 expertos en política climática. Figueres asegura que "primero y más importante, el mundo debe sustituir rápidamente el carbón y otros combustibles fósiles con renovables. Es un imperativo económico y una necesidad ecológica. Ninguna inversión debería ir dirigida a expandir infraestructuras fósiles y se imponen planes para retirar las ahora existentes a medida que las energías limpias ganan terreno".

China planea crear una granja de nubes en el Tíbet para controlar el clima

El proyecto chino 'Río Celestial' busca provocar precipitaciones con cientos de chimeneas de yoduro de plata en el 'techo del mundo'. Tiene como objetivo lograr entre 5.000 y 10.000 millones de metros cúbicos de agua adicionales para las regiones norteñas del país. Los científicos afirman que el plan puede tener consecuencias impredecibles en China y en el resto de los países de la región, ya que podría afectar el caudal de los ríos y dañar la fauna acuática.

Vista aérea en la ciudad tibetana de Lhasa. S.HO / FLICKR.

En China, los grandes acontecimientos políticos y económicos del país van acompañados casi siempre de un buen tiempo inusual. Los métodos que el Gobierno chino usa para asegurar un cielo azul en las citas más importantes son conocidos. Comenzó a utilizarlos con los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008 y ha vuelto a emplearlos en desfiles militares y grandes cumbres multilaterales.
En concreto, lo que hacen las autoridades es modificar el tiempo a su antojo rociando las nubes con yoduro de plata. Este elemento, combinado con otros, propicia la precipitación de lluvias. O de nieve, como sucedió en 2009, con una de las nevadas más copiosas registradas en la capital china en un mes de noviembre, que fue provocada por 186 cohetes cargados con estos químicos. La técnica, denominada sembrado de nubes, no es nueva, ya que países desérticos como Israel llevan desarrollándola y experimentando con ella desde la década de 1970.
La diferencia es que, ahora, el gigante asiático se ha propuesto dejar de utilizarla exclusivamente de forma puntual para instalar una gigantesca red de chimeneas que permitan modificar el clima del Tíbet, región controlada por China al noreste del Himalaya, 'el techo del mundo'. El proyecto, denominado Tianhe [Río en el cielo], es el mayor plan de geoingeniería del mundo –cubrirá una superficie de 1,6 millones de kilómetros cuadrados, tres veces la de España–, y tiene como objetivo lograr entre 5.000 y 10.000 millones de metros cúbicos de agua adicionales para las regiones norteñas del país. Esto supone incrementar la capacidad hídrica del país hasta un 7%.
De momento, la Corporación de Ciencia y Tecnología Aeroespacial, que desarrolla también proyectos militares para China, ha instalado más de 500 chimeneas que sirven para diseminar los químicos en el aire. "El plan se encuentra en una fase de prueba, pero los resultados están siendo muy prometedores", comentó uno de los científicos del proyecto al diario de Hong Kong South China Morning Post.
Si todo continúa como está previsto, en un futuro cercano se instalarán varios miles de estas chimeneas por diferentes puntos del Tíbet, y su funcionamiento será controlado por una red de satélites que controlará los efectos en tiempo real. "Es una innovación crítica para resolver la escasez de agua en China. El proyecto supondrá una contribución importante no solo para el desarrollo de China sino también para la prosperidad del mundo", justificó Lei Fanpei, presidente de la corporación.

Un proyecto con efectos impredecibles

"Solo unos pocos países son capaces de llevar a cabo este tipo de modificación climática a gran escala", comentó hace unos años Cui Lianqing, meteorólogo de la Fuerza Aérea, tras la celebración del espectacular desfile militar en conmemoración del 60º aniversario de la proclamación de la República Popular. Los cielos azules de Pekín asombraron a todo el mundo, acostumbrado ya a ver la capital china tras una cortina de contaminación, pero tenían poco de naturales.
"Si el cambio climático comienza a ponerse verdaderamente feo, muchos países comenzarán a buscar medidas desesperadas para mitigar sus efectos. Eso podría llevar a la implementación de proyectos unilaterales de geoingeniería", añadió entonces al diario The Guardian David Victor, un experto en política energética de la Universidad de Stamford. Sus palabras se han demostrado proféticas con los nuevos planes de China. Las ciudades chinas purgan a sus pobres
Una mujer usa una mascarilla para protegerse del "esmog" o niebla mezclada con humo y partículas en suspensión, en Pekín (China). EFE
El problema radica en que el agua es un recurso cuya cantidad permanece invariable en el planeta. Es decir, si el norte de China recibe más, otros lugares pueden sufrir sequía. El Tíbet es, además, el territorio en el que nacen los principales ríos del continente asiático: el Yangtsé y el Río Amarillo recorren territorio exclusivamente chino, pero el Mekong es la principal arteria fluvial del sudeste asiático, y el Ganges o el Brahmaputra son clave para India. En total, el Tíbet es el origen de gran parte de los recursos hídricos de la mitad de la población del planeta.
Así, el proyecto 'Sky River' preocupa a los países que surcan estos ríos. Los científicos afirman que el plan puede tener consecuencias impredecibles tanto en China, como en el resto de los países de la región. En primer lugar, porque el caudal de los ríos, que ya está afectado por niveles graves de contaminación y una interminable sucesión de presas hidroeléctricas, podría verse afectado. Y, en segundo lugar, porque la lluvia provocada por los agentes químicos puede dañar la fauna acuática.
"Cuando el yoduro de plata cae a tierra disuelto en el agua su toxicidad no es elevada, pero sí lo suficiente como para modificar el ecosistema", afirmó Faye McNeill, ingeniero químico de la Universidad de Columbia, en declaraciones a Asia Times. Los productos químicos no son suficientemente perniciosos como para afectar a los peces, pero sí a los microorganismos que viven en el agua, y esto podría tener consecuencias en el ciclo de los nutrientes de la fauna.
De momento, el proyecto se desarrolla con la opacidad propia de los secretos de Estado y muy pocos han levantado la voz contra él porque es poco conocido. Uno de ellos es el ministro de Finanzas del estado indio de Assam, Himanta Biswa Sarma, que ha urgido al Gobierno de India cuyas relaciones con China son siempre tensas – a que exija más información y estudie las consecuencias que puede tener en el país. Pero parece poco probable que Pekín, envalentonada por el poder que le confiere haberse convertido en la segunda potencia mundial, cambie de opinión y dé su brazo a torcer.

jueves, 22 de noviembre de 2018

Restauración ecológica y cambio climático II: las soluciones

La restauración de ecosistemas y la promoción de la infraestructura verde como medidas de adaptación al cambio climático están estrechamente conectadas con las políticas de mitigación. Conocemos los servicios ambientales con mayores posibilidades de ser recuperados y la restauración ecológica ofrece soluciones para reducir el impacto asociado a eventos climáticos extremos. Las soluciones basadas en la naturaleza y en general la mitigación y la adaptación al cambio climático requieren de una transformación profunda en nuestra ordenación y gestión del territorio a escalas regionales amplias combinada con acciones locales. Contamos con numerosas ideas y herramientas de restauración ecológica y con ellas hemos diseñado buenas estrategias a corto, medio y largo plazo. El problema ahora es su implementación ya que requiere conciencia social y voluntad política.

Hacen falta buenas ideas para restaurar un planeta maltratado

El cambio climático está aquí para quedarse. Por un buen tiempo. Eso ya nadie lo duda, salvo unos pocos desinformados y unos no tan pocos desalmados. Lo que nos queda por aprender ahora es cómo podemos mitigarlo y hasta qué punto podemos adaptarnos a la dimensión del cambio que no va a poder frenarse en el corto plazo. Una de las principales preocupaciones que se suman a las relacionadas con sus efectos directos sobre la salud y el bienestar humanos es la alteración de numerosos procesos ecológicos que lleva asociada el cambio climático. Estas alteraciones afectan a su vez a numerosos bienes y servicios ecosistémicos que necesitamos en nuestro día a día, bienes y servicios que se ven también alterados por la degradación directa de los ecosistemas a través de la fragmentación, los cambios de uso del territorio, la sobreexplotación de recursos como el agua o la introducción de especies exóticas, por ejemplo. Esta combinación de ecosistemas degradados que se ven crecientemente amenazados por cambios en el clima constituye uno de los principales desafíos de la restauración ecológica del siglo XXI. 

Entre los servicios ambientales con mayor probabilidad de ser recuperados a través de acciones de restauración ecológica destacan los siguientes: 
  • Sumideros de carbono, es decir captación de una parte del CO2 que estamos vertiendo a ritmos crecientes a la atmósfera y que está en la base del propio cambio climático. En el caso de España, los bosques verán incrementada su producción forestal (y por tanto su función como sumideros de carbono) a lo largo de la primera mitad del siglo XXI, pero todo indica que se verá reducida posteriormente si no acertamos con las medidas adecuadas de gestión y el clima continúa cambiando como lo hace ahora.
  • Regulación del ciclo del agua y balance hídrico. En el caso de los ecosistemas forestales, su expansión favorece la evapotranspiración (aumentada por efecto del calentamiento global) en detrimento de la disponibilidad hídrica tanto para recarga del acuífero como para escorrentía superficial y como recurso para los ecosistemas y la sociedad. Pero los bosques, como muchas formas de cubierta vegetal, previenen la erosión y atenúan las inundaciones bruscas y catastróficas. Por tanto, la restauración debe balancear estas dos caras de la misma moneda cuando recupere la cubierta vegetal de una zona degradada.
  • Polinización y dispersión de semillas. La restauración ecológica de hábitats degradados es capaz de recuperar interacciones entre organismos que se han perdido o han quedado muy afectadas como aquellas que se establecen entre distintos animales y plantas para asegurar la polinización y dispersión de estas últimas.
  • Hábitats para la biodiversidad. La restauración ecológica recupera y amplía la cantidad y la calidad de los hábitats disponibles para numerosas especies de flora y fauna. 
 Más allá de la recuperación de estos bienes y servicios ambientales clave, la restauración ecológica debe encaminarse a reducir el impacto asociado  a  eventos extremos  como sequías, inundaciones, heladas fuera de temporada, huracanes muy destructivos, oleaje intenso o incendios devastadores que cada año vuelven a superar records históricos. Una manera de hacer frente a estos fenómenos es recuperando las barreras naturales que interfieren o ralentizan los flujos de materia y energía; por ejemplo, restaurando y favoreciendo cordones dunares, marismas y manglares que hacen frente a los embates del mar y atenúan las inundaciones costeras.  Otra forma de amortiguar los efectos de eventos extremos es proporcionar espacio físico para los procesos naturales; por ejemplo reconstruyendo las llanuras de inundación de los ríos en su curso medio (pensemos en el rio Ebro y sus recurrentes inundaciones) o los humedales continentales, siempre menguantes y amenazados a pesar de sus funciones de laminación y retención frente a grandes avenidas de las que nadie se acuerda hasta que ocurre algún desastre. En muchos casos, la restauración de estas barreras naturales y estos espacios que se han “robado” a la naturaleza llevarán asociado, a corto plazo, la reconfiguración o eliminación de infraestructuras humanas y, a medio y largo plazo, un cambio profundo en el modelo de desarrollo territorial
Nuestro modelo de desarrollo territorial actual en interacción con los escenarios climáticos más probables va a generar barreras climáticas, no sólo físicas,entre poblaciones y comunidades de animales y plantas. Este modelo dificulta cada vez más no solo los flujos ambientales físicos (hidrológicos, por ejemplo) sino también numerosos intercambios y procesos biológicos, catalizando una fragmentación difusa que se suma a la fragmentación directa del territorio mediante la creación de infraestructuras y la artificialización del suelo. El cambio climático afecta a la conectividad ecológica del territorio. Por ejemplo, los procesos de desertificación, los incendios o las plagas, que aumentan debido al cambio climático, generan desconexiones entre y dentro de los ecosistemas disminuyendo el hábitat realmente disponible y limitando el movimiento de las especies. Por ello, la restauración ecológica debe preservar e incluso maximizar la conectividad efectiva entre fragmentos de ecosistemas y entre poblaciones y comunidades, especialmente aquellas que corran mayores riesgos de aislamiento físico y climático en el futuro.  
La restauración de la conectividad ecológica, especialmente en ámbitos urbanos y perirubanos, es clave para la adaptación al cambio climático. Algunos Ayuntamientos como el de Torrelodones (Madrid) ya están trabajando en ello y plantean corredores ecológicos para potenciar la funcionalidad de las zonas verdes y conferirles más resiliencia ante el cambio climático. En última instancia, una buena planificación del territorio a escalas regionales amplias confiere una mayor capacidad global de amortiguar los impactos de los cambios ambientales no sólo en los sistemas naturales sino en todo el conjunto del territorio y en todos los ámbitos y sectores de actividad social y económica. Este es el principio que sustenta el concepto de infraestructura verde.
Es bien sabido que ante el cambio climático, como ante cualquier cambio global, caben dos grupos de acciones principales: la mitigación, es decir, reducir la magnitud del cambio; y la adaptación, que implica adecuarse a los impactos que previsible e inevitablemente este cambio va a traer consigo. Las medidas de adaptación en proyectos de restauración ecológica van en la línea de conservar los ecosistemas remanentes en buen estado, fomentar los bosques maduros, favorecer las masas forestales mixtas, incrementar la diversidad genética de las especies, facilitar la evolución de los ecosistemas hacia estados maduros y más funcionales y resilientes,  asegurar la conectividad entre formaciones vegetales hoy fragmentadas, diversificar los tipos de hábitat a escala de paisaje y potenciar la multifuncionalidad de los ecosistemas. En la reciente publicación de las bases científico-técnicas de la Estrategia Estatal de Infraestructura Verde y de la Conectividad y Restauración Ecológicas se incluyen más sugerencias de adaptación. 
No importa lo claramente definidos y lo realistas que sean los objetivos de un proyecto de restauración ecológica: la variación y el cambio ambiental y las incertidumbres asociadas van a seguir estando ahí. Aquí es donde la gestión adaptativa se vuelve imprescindible. La gestión adaptativa en los proyectos de restauración de ecosistemas, proporciona un marco formal para evolucionar desde las metas y los objetivos, planificando acciones de intervención y monitoreo que aseguren el éxito en estas circunstancias de cambio creciente y de nuevas incertidumbres. El seguimiento de los resultados de las acciones de restauración durante y tras la implementación del proyecto permite usar lo aprendido para reajustar la gestión, para aplicar nuevas acciones o, si es necesario, para revisar los objetivos. Lamentablemente, la expectativa de que la restauración resultará en ecosistemas autosuficientes que no requieren mayor atención es, en gran medida, infundada. El concepto de adaptación basada en ecosistemas (AbE, o Ecosystem Based Adaptation, EbA, en inglés) implica el uso de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos como una parte esencial de la estrategia global de adaptación al cambio climático, es decir, de una estrategia para reducir sus efectos adversos sobre la sociedad, la economía y el medio ambiente.   La adaptación al cambio climático basada en los ecosistemas además de contribuir a la conservación de la biodiversidad tiene una buena relación coste-efectividad y genera numerosos beneficios sociales, económicos, ambientales y culturales. Esta visión de triple balance, se apoya en la accesibilidad de estos enfoques a las poblaciones locales, que, dada su interacción y dependencia de los ecosistemas, contribuyen de forma decisiva a mantener el conocimiento tradicional y los valores culturales del territorio en el que viven.
Los pavimentos permeables están dentro de las llamadas “soluciones basadas en la naturaleza” y son una medida que disminuye de manera eficiente la isla de calor en entornos urbanos. Este tipo de pavimento podemos encontrarlo por ejemplo en el Parking de la Casa de Campo en Madrid. Foto Samir Awad.
Las acciones de restauración de ecosistemas y promoción de la infraestructura verde como medidas de adaptación al cambio climático están estrechamente conectadas con las políticas de mitigación, en tanto en cuanto son capaces de contribuir coordinadamente al aumento de la fijación (sumidero) de carbono. Especialmente en los entornos urbanos, estas medidas pueden ser muy importantes y se han englobado dentro del concepto de nature based solutions(NBS) o soluciones basadas en la naturaleza. La mitigación y adaptación a través de las soluciones basadas en la naturaleza pueden implementarse con este tipo de acciones: 
  • Almacenar y retener el carbono mediante iniciativas limpias que potencien sumideros naturales.
  • Desarrollar puertas y corredores verdes aprovechando el potencial de los ecosistemas sanos.
  • Mitigar los efectos urbanos de isla térmica mediante cubiertas verdes y el desarrollo de la infraestructura verde urbana.
  • Fomentar técnicas de cultivo que incrementen la fijación de CO2 en campos agrícolas. 
 Aunque el problema es complejo y su resolución aún más y aunque los científicos no tenemos aún todas las respuestas a las principales preguntas, ya contamos con una evidencia apabullante del riesgo ambiental que corremos y de la amenaza que ello plantea sobre nuestro bienestar y seguridad. Pero también contamos con una batería amplia de ideas y de herramientas para construir un mundo mejor. Algunas se recogen en recientes manuales como laGuía Práctica de Restauración Ecológica que ha impulsado la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica, que se presentará el día 20 de noviembre de 2018 en la COP 14 del Convenio Internacional de Diversidad Biológica (CDB) de Sharm-El Sheik (Egipto) y el 28 de noviembre en el stand del Ministerio para la Transición Ecológica en el CONAMA, el Congreso Nacional de Medio Ambiente que se celebra anualmente en Madrid. 
Con estas y muchas más ideas y herramientas hemos diseñado buenas estrategias a corto, medio y largo plazo. El problema es su implementación ya que requiere conciencia social y voluntad política.  Si dejamos de mirar a otro lado y nos ponemos manos a la obra, puede que el planeta aun le deje sitio aHomo sapiens unos siglos, o, quizá, unos milenios más.

martes, 13 de noviembre de 2018

El timo de las emisiones no emitidas de los patinetes eléctricos de Lime

Todas las noches se recogen los cerca de mil patinetes de esta empresa en Madrid, se llevan a recargar y se vuelven a colocar en las calles, un despliegue logístico realizado mayoritariamente con furgonetas.

Mensaje enviado por Lime tras un recorrido de 1km en patinete eléctrico.

Cuando un usuario utiliza un patinete eléctrico de la  marca Lime en Madrid la distancia media que suele recorrer es de poco más de 1 kilómetro, según los datos ofrecidos por esta compañía de Silicon Valley respaldada por Uber y Google. Y al final del trayecto recibe en su teléfono móvil el siguiente mensaje: “¡Qué buen viaje! No has emitido nada de carbono a la atmósfera”. A continuación, la marca informa al usuario en la app del “carbono no emitido” (expresión estadounidense para referirse a las emisiones de CO2). Por un viaje de 1 km en patineteemisiones de CO2 no emitidas: ¡238 gramos!
Primera pieza que no encaja: esta cantidad de CO2 por kilómetro equivaldría a realizar el mismo recorrido al volante de un todo terreno de los más grandes. Esto quizá sea normal en EEUU, pero no en Europa, donde un coche nuevo emite de media 118,5 gramos por kilómetro.
Pero más allá de esta exageración en el cálculo, mucho más importante es saber si realmente el uso de estos patinetes supone de forma global alguna reducción en la contaminación (tanto del CO2 causante del cambio climático como de otras sustancias nocivas para la salud). Es cierto que estos vehículos eléctricos no generan ninguna emisión durante su uso. Sin embargo, al final de cada día tiene lugar en Madrid todo un despliegue logístico para recargar sus baterías que sí contamina.
Este operativo es especialmente complejo por varios motivos: sea cual sea el nivel de sus baterías, todos los días se recogen, se recargan y se vuelven a colocar los cerca de 1.000 patinetes de Lime en Madrid (aunque la marca californiana se resiste a decir la cantidad total de unidades que ha puesto en la ciudad, este es el número que se deduce consultando la ubicación de los vehículos eléctricos en el mapa de la app). Pero, además, a diferencia de otros sistemas de alquiler como las bicis, los patinetes no están agrupados en diferentes estaciones, sino que se encuentran diseminados de forma aleatoria por la ciudad. Cada noche hay que ir a buscarlos prácticamente de uno en uno.
En teoría, esto se hace con jóvenes dispuestos a ganarse de 5 a 10 euros por cada patinete que recarguen en un enchufe de su casa ( los denominados ‘juicers’). Sin embargo, la realidad es que la mayoría de estos pequeños vehículos son recogidos en furgonetas por una empresa de logística.
Aunque Lime tampoco da el nombre de esta compañía ni informa de cuántos patinetes se recogen con uno u otro sistema, la encargada de la recogida y recarga es Instapack, que centraliza la logística desde una nave en Coslada, localidad a 15 km de Madrid. Esta empresa también rechaza responder a preguntas sobre el operativo, pero sí reconoce que se ocupa de la mayor parte de los patinetes.
¿Cómo se lleva a cabo la recogida por las noches? A nuestras preguntas, un conductor de Instapack al que mantenemos en el anonimato asegura que suele estar cinco horas cada día recogiendo patinetes, en las que recorre de media unos 60 kilómetros con su furgoneta diésel. " Cada día es una aventura", asegura, incidiendo en la complejidad de la búsqueda de los vehículos eléctricos de Lime en algunas zonas de la ciudad. Según comenta, en su turno de recogida trabajan unas 13 furgonetas, pero luego otros tienen que volver a colocar los patinetes a partir de las cinco de la mañana. Instapack no confirma esta información.
Sin datos precisos, resulta imposible realizar una estimación fiable de las emisiones generadas por la logística de la recogida de los patinetes en furgonetas y otros vehículos de los ‘juicers’, de la recarga con la electricidad de la red convencional y de su colocación de vuelta en las calles. En cualquier caso, esta es la segunda pieza que no encaja: la contaminación no contabilizada.
Lime admite que todas las emisiones producidas en este proceso no son tenidas en cuenta en el cálculo enviado al usuario al terminar cada viaje de patinete. "Lo que se da es el CO2 que emitiría un coche para el mismo trayecto realizado", asegura la marca, que no especifica cómo calcula un ahorro de emisiones tan exagerado. "Es más una medida para concienciar que una medida real", es la respuesta de la compañía.
Aquí se llega a la cuestión clave. La tercera pieza que no encaja es que en todo momento se da por supuesto que cada trayecto en patinete eléctrico está sustituyendo un viaje en coche. Para poco más de 1 kilómetro de distancia media, esto de nuevo puede ser así en EEUU, donde se usa el automóvil para todo, pero no en Europa, y especialmente en España, un país dónde  todavía se camina bastante en comparación con otros lugares (una práctica muy saludable que habría que intentar mantener).
¿Cuántos de los viajes en patinete sustituyen en realidad a desplazamientos en automóvil? De momento, de lo poco que se sabe, según los datos de Lime, es que un 40% de los trayectos encima de estos vehículos eléctricos empieza o acaba en una parada de bus o metro. Esta combinación puede resultar muy interesante si realmente reduce el uso de coches. Pero si no es así, se habrá montado un increíble operativo moviendo furgonetas todas las noches para realizar desplazamientos de poco más de 1 kilómetro que antes se hacían caminando, en bici o en transporte público. En lugar de evitar emisiones, se estarían generando otras extra. Y esto vale para todas las marcas de alquiler de patinetes eléctricos.
Esta nueva sección en eldiario.es está realizada por Ballena Blanca. Puedes ver más sobre este proyecto periodístico aquí.

lunes, 12 de noviembre de 2018

Comida eléctrica: la nueva dieta de ciencia ficción que podría salvar el planeta

Cultivar alimentos que no tengan un origen vegetal o animal suena a ciencia ficción. Sin embargo, podría frenar la destrucción del medioambiente.

¿Podríamos impulsar una dieta que fuera más allá del consumo de alimentos de origen vegetal? PABLO J. ÁLVAREZ
No son ellos, somos nosotros. El terrible ritmo de aniquilación biológica que se ha dado a conocer esta semana evidencia que el 60% de los vertebrados ha desaparecido de la Tierra desde 1970. La  industria alimentaria es la gran impulsora de este exterminio. La agricultura y la pesca son las principales causas del colapso de los ecosistemas marinos y terrestres. El consumo masivo de carne, mayoritariamente por parte de los ricos, es la principal causa. Podemos mostrarnos horrorizados ante la tala de bosques, la desaparición de los humedales, la matanza de depredadores y la masacre de tiburones y tortugas por parte de las flotas pesqueras, pero lo cierto es que se hace en nuestro nombre.
Como evidencia un reportaje de The Guardian en Argentina, los inmensos bosques del Gran Chaco están llamados a desaparecer y a ser reemplazados por grandes extensiones donde se cultive soja, destinada en su gran mayoría a la alimentación animal especialmente para Europa. Tras la victoria electoral de Jair Bolsonaro en Brasil, lo más probable es que se acelere el proceso de deforestación de la Amazonia, impulsada por el lobby cárnico que le ayudó a ganar las elecciones. Los grandes bosques de Indonesia, como los que se encuentran en Papúa Occidental están siendo talados y quemados en beneficio del aceite de palma a una velocidad devastadora.
La medida de protección medioambiental más importante que podemos impulsar tiene que ver con reducir la extensión de tierra que utilizamos para la agricultura y la pesca. Esto comporta que apostemos por una dieta basada en el consumo de alimentos de origen vegetal. Un estudio publicado en la revista científica Science revela que si dejásemos de producir alimentos de origen animal, la necesidad mundial de tierras de cultivo se reduciría en un 76%. También podríamos alimentar a la población mundial de forma más equitativa. Los animales alimentados con pasto, contrariamente a la creencia popular, no son una alternativa sostenible: es un derroche de vastas extensiones de tierra que de otro modo sustentarían la vida y los ecosistemas silvestres.
La misma medida es fundamental para prevenir la degradación del clima. Debido a que los gobiernos, rendidos ante las exigencias del capital, lo han ido postergando, ahora no sabemos qué acciones se podrían impulsar para que el calentamiento global no supere el límite de 1,5 grados marcado por los expertos. La única forma de hacerlo, que se ha demostrado eficaz a pequeña escala, es volver a reforestar los bosques.
¿Podríamos impulsar una dieta que fuera más allá del consumo de alimentos de origen vegetal? ¿Podríamos ir más allá de la producción agrícola? ¿Qué pasaría si, en vez de cultivar alimentos los produjéramos a partir del aire? ¿Qué pasaría si, en lugar de basar nuestra nutrición en la fotosíntesis, utilizáramos electricidad para generar un proceso cuya conversión de la luz solar en alimentos es 10 veces más eficiente?
Esto tal vez suena a ciencia ficción pero lo cierto es que es una idea que está a punto de comercializarse. En el último año, un grupo de investigadores finlandeses ha estado produciendo alimentos cuyo origen no es ni animal ni vegetal. Sus únicos ingredientes son bacterias oxidantes del hidrógeno, electricidad de paneles solares, una pequeña cantidad de agua, dióxido de carbono extraído del aire, nitrógeno y trazas de minerales como calcio, sodio, potasio y zinc. La comida que han producido es de un 50 a un 60% proteína; el resto son carbohidratos y grasas. Han fundado una empresa (Solar Foods) que abrirá su primer centro de producción en 2021. Esta semana, la Agencia Espacial Europea ha seleccionado este proyecto para desarrollarlo en su “incubadora” de ideas.
Utilizan la electricidad de paneles solares para electrolizar el agua, lo que produce hidrógeno, que alimenta a las bacterias que la convierten en agua. A diferencia de otras formas de proteína microbiana (como Quorn), no requiere materia prima de carbohidratos. En otras palabras, no requiere plantas.
Tal vez, la idea de alimentarte así te horroriza. Es innegable que es un proceso exento de belleza. Sería difícil escribir algo poético sobre bacterias que pastan en el hidrógeno. De hecho, esta percepción, comparada con una supuesta belleza de los alimentos de origen animal y vegetal, es parte del problema. Hemos permitido que se cree una bella narrativa que nos impide ver la dura realidad de la agricultura industrial. Desde la infancia nos inculcan una idílica imagen de la agricultura; cerca de la mitad de los libros para niños muy pequeños incluyen la figura de un granjero de mejillas sonrosadas y que vive en perfecta armonía con una vaca, un caballo, un cerdo y un pollo. No nos muestran la extrema crueldad de la ganadería a gran escala. La sangre y las vísceras, la suciedad y la contaminación.
Nuestra mente es incapaz de comprender la magnitud de destrucción de tierras necesarias para alimentarnos. Tampoco vemos el “Insectagedón” causado por los pesticidas; el desecamiento de los ríos; la pérdida de suelo; la reducción de la magnífica diversidad de la vida en la Tierra a una masa homogénea y gris de residuos.
Es probable que el compuesto que los investigadores finlandeses han producido a partir del aire, el agua y la electricidad se utilice como ingrediente a granel para los alimentos procesados. Sin embargo deberíamos formularnos la siguiente pregunta (aunque supere los planes de la empresa): ¿hay alguna razón por la que, con los debidos cambios en el proceso, no pueda empezar a suministrar las proteínas necesarias para hacer carne cultivada, o los aceites que podrían hacer innecesarias las plantaciones de palma? ¿Existe alguna razón por la que este compuesto no deba reemplazar gran parte de lo que comemos?
Según los cálculos de los investigadores finlandeses, sus centros de producción necesitan 20.000 veces menos de extensión de tierra que la que se requiere para obtener la misma cantidad de alimentos mediante el cultivo de soja. Cultivar toda la proteína que el mundo consume ahora con su técnica requeriría un área más pequeña que la del estado de Ohio. Los mejores lugares para hacerlo son los desiertos, donde abunda la energía solar. Cuando en unos años se pueda generar electricidad a 15 euros por megavatio hora, su proceso será competitivo en términos de costes con la fuente más barata de soja.
¿Podríamos utilizar una técnica parecida para producir celulosa y lignina, y así reemplazar la silvicultura comercial? ¿Existe alguna razón por la que mediante el hidrógeno no se puedan crear los mismos productos que se obtienen a partir de la fotosíntesis? ¿Podría contribuir a cambiar la forma en que nos relacionamos con la naturaleza, y reducir nuestra huella a una fracción de su tamaño actual?
Son muchas las preguntas que podemos formular como también lo son las limitaciones y obstáculos. Sin embargo, pensemos en todas las posibilidades de esta nueva técnica.
Hay muchas preguntas sin respuesta; un gran abanico de obstáculos y limitaciones. Pero piensa en las posibilidades. Los productos básicos agrícolas, que actualmente ocupan casi toda la superficie de tierra fértil de la Tierra, podrían reducirse a unas cuantas bolsas de tierra infértil. Esta técnica encierra un enorme potencial para la restauración ecológica. Su potencial para alimentar al mundo, una pregunta que literalmente me ha mantenido despierto por la noche, es igual de ilusionante.
Nada de esto tiene que llevarnos a la conclusión de que ya nos podemos relajar y esperar a que un proyecto que acaba de nacer pueda salvar a la humanidad. Mientras esta técnica no se desarrolla es necesario que nos pasemos a una dieta de origen vegetal y actuemos ante la destrucción del Planeta. Un primer paso es unirse al movimiento Extinction Rebellion, que ya está en marcha.
Sin embargo, si este proyecto tiene éxito, y con el activismo político necesario, sería posible un cambio. Sería posible reforestar algunos lugares que se han convertido en desiertos agrícolas en manos de grandes corporaciones, extrayendo dióxido de carbono del aire a gran escala. Podrían recuperarse los ecosistemas de la tierra y el mar, no solo pequeñas extensiones sino también a gran escala. La posibilidad de hambrunas se reduciría.
Algunos métodos muy básicos y destructivos nos han metido en este lío. Ahora, tecnologías más sofisticadas pueden ayudarnos a salir de él. Merece la pena luchar por salvar a todas las especies y ecosistemas de la actual ola de destrucción. Tal vez vivamos lo suficiente para ver cómo se construye un mundo próspero.
Traducido por Emma Reverter